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2009

La crianza de niños bilingües: preocupaciones comunes de los padres y las investigaciones actuales

Por Kendall King y Lyn Fogle, Georgetown University

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El propósito de este compendio es ayudar a pediatras, patólogos del habla, maestros escolares, y otros profesionales que trabajan con niños bilingües y sus padres a comprender algunas de las preocupaciones que suelen tener los padres respecto a la crianza bilingüe y a familiarizarse con el conocimiento científico actual sobre el desarrollo del niño bilingüe. Una más profunda comprensión de ambos temas ayudará a todos estos profesionales a brindar a los padres consejos más efectivos y con mejor base científica.

Un número creciente de padres en los Estados Unidos considera el bilingüismo de sus niños como una meta familiar deseable. Entre otras razones, esta tendencia está impulsada por el interés en mantener lazos con la herencia lingüística y cultural de los padres, brindar a los niños ventajas académicas y cognoscitivas, y promover la comprensión y la comunicación intercultural. Sin embargo, según indican las investigaciones, el bilingüismo de los niños es la excepción en los Estados Unidos; para la mayoría de los niños el inglés es su lengua dominante o única (Wong Fillmore, 2000). Ello se debe, por lo menos en parte, al estatus superior de que goza el inglés y al número limitado de oportunidades que tienen los niños para aprender otros idiomas. Algunas investigaciones también indican que las creencias, actitudes, e interacciones de los padres con sus hijos ocupan un papel importante para ayudar a sus hijos a ser bilingües (De Houwer, 1998; Lanza, 1997).

Para orientar mejor a los profesionales de educación infantil temprana, quienes pueden desempeñar un papel clave en formar las creencias y conductas de los padres, entrevistamos de manera individual y a fondo a 24 familias de diversos niveles  económicos y culturales de Washington, D.C., las cuales tenían el objetivo de criar a sus niños (de entre 0 a 5 años) para ser bilingües en inglés y español (King & Fogle, en prensa). En este artículo, resumimos los hallazgos de nuestra investigación en cuatro temas clave, a la luz de las publicaciones actuales de investigaciones sobre el desarrollo bilingüe:

  • Aunque muchos padres creen que el bilingüismo produce retrasos en el desarrollo lingüístico, las investigaciones sugieren que los niños monolingües y bilingües alcanzan niveles de desarrollo lingüístico a ritmos parecidos.

  • A pesar del temor de muchos padres de que el uso de dos lenguas resulte confuso para sus hijos, las investigaciones no avalan esta teoría. Al contrario, se ha descubierto que el uso de dos lenguas en la misma conversación es una señal del dominio de ambas lenguas.

  • Aunque un gran número de padres dependen mucho de la televisión para enseñar un segundo idioma, la televisión es, a lo sumo, un método divertido, pero secundario para el aprendizaje de una lengua. En realidad, la interacción humana es el mejor método para cultivar el aprendizaje del lenguaje.

  • Contrariamente a la noción diseminada entre los padres de que el bilingüismo crea "grandes y brillantes mentes," lo que los padres pueden esperar de forma realista es que sus hijos obtengan ventajas específicas en áreas determinadas, tales como una comprensión mayor del lenguaje como sistema abstracto.

El bilingüismo y el retraso lingüístico

Muchos de los padres entrevistados pensaban que sus hijos habían experimentado o probablemente experimentarían un retraso lingüístico como producto de un ambiente lingüístico dual. Esta noción también es generalizada en las publicaciones populares sobre la crianza de niños. Estas publicaciones afirman con frecuencia que la adquisición de dos lenguas puede generar un “retraso lingüístico,” aunque muchas de estas publicaciones también sugieren que los beneficios del bilingüismo a largo plazo son importantes (p. ej., Fabian, 2003; Foreman, 2002; Murkoff, 2003; Pruett, n.d.).

Es importante diferenciar entre, por un lado, el uso popular del término “retraso lingüístico” para referirnos a un niño que otros perciben como que le está tomando más tiempo del promedio en hablar, pero que en realidad está dentro del período normal de desarrollo de vocabulario productivo (Fenson et al., 1994), y por el otro, el uso clínico del término, que se refiere a retrasos significativos en el desarrollo lingüístico, retrasos que pueden constituir síntomas primarios (no asociados con otro desorden) o secundarios (asociados a condiciones tales como el autismo). Desconocer los diferentes usos del mismo término puede producirles preocupación innecesaria a algunos padres interesados en criar a sus hijos en dos lenguas.

Aparte de problemas de terminología, los estudios son claros en que no existe ninguna evidencia empírica que asocie el bilingüismo con retraso lingüístico alguno. Como resume De Houwer (1999), “No existe evidencia científica hasta la fecha que sostenga que escuchar dos o más lenguas cause retrasos o desórdenes en la adquisición lingüística. Muchos, muchos niños por todo el mundo crecen con dos o más lenguas desde la infancia sin que demuestren ninguna señal de retraso lingüístico o desorden” (p.1). De manera similar, una revisión extensa de investigaciones publicadas lleva a Petitto and Holowka (2002) a argumentar que “la exposición simultánea muy temprana no causa retrasos en un niño pequeño con respecto a las bases semánticas y conceptuales que son la base de toda lengua natural, y esto es cierto con respecto a cada una de las lenguas nativas del pequeño bilingüe” (p.23).

El bilingüismo y la confusión lingüística

Muchos de los padres entrevistados se preocupaban que sus niños experimentan confusión debido a la exposición a dos idiomas. Algunos padres piensan que el retraso lingüístico era el resultado de esta confusión. Varias publicaciones populares de consejos (p. ej., Eisenberg, Murkoff, & Hathaway, 1989; Honig, n.d.) sugieren que la confusión se podría evitar utilizando el enfoque conocido como “un padre, una lengua” en la crianza bilingüe, donde cada progenitor utiliza sólo una de las lenguas con el niño y ambos se abstienen de utilizar dos lenguas en la misma conversación.

Sin embargo, las investigaciones indican que la capacidad de intercambiar entre las lenguas, a lo cual se le llama algunas veces cambio de código, es una señal del dominio de dos sistemas lingüísticos y no una señal de confusión lingüística, y que niños de tan temprana edad como dos años son capaces de cambiar entre códigos de manera socialmente apropiada (Lanza, 1992). Las investigaciones también demuestran que muchos niños bilingües cuyo desarrollo sigue un curso normal mezclan sus dos lenguas, y que el tipo y la cantidad de cambios de código dependen de factores ambientales, tales como con cuánta frecuencia los padres o la comunidad en general cambian de código.

Con respecto a la efectividad del enfoque “un padre, una lengua,” existe evidencia de que puede conducir al desarrollo de competencia activa de los niños en dos lenguas, pero también puede resultar en bilingüismo pasivo (Döpke, 1992; Yamamoto, 1995), en cuyo caso los niños entienden las dos lenguas, pero hablan sólo una la mayoría del tiempo (es decir, la lengua con el estatus más alto en la comunidad en general). Este acercamiento es una opción para criar a niños bilingües, pero los padres no tienen que temer la confusión lingüística si escogen otro enfoque, como por ejemplo utilizar sólo la lengua minoritaria en el hogar o utilizar ambas lenguas en los mismos contextos. A los padres se les debe animar a pensar sobre la cantidad y la calidad total de la exposición a ambas lenguas que reciben sus hijos.

El aprendizaje de una lengua y la televisión

Muchos padres que entrevistamos dependían mucho de materiales lingüísticos comerciales tales como libros, videos, programas de televisión, y grabaciones de música para ayudar a sus hijos a aprender una segunda lengua. De manera similar, gran parte de la prensa popular y las publicaciones populares de consejos resaltan el valor de los libros y los videos, proveyendo largas listas de programas de televisión y videos para aprender idiomas (Eisenberg et al., 1989; Langley, 1999; Lichtenberger, n.d.).

Sin embargo, las investigaciones indican claramente que algunas actividades son más efectivas que otras para promover la adquisición de un segundo idioma y el bilingüismo. En particular, sabemos cada vez más sobre los límites de la televisión y los vídeos como ayudas para la instrucción de niños pequeños. Por ejemplo, estudios recientes han examinado en los infantes un proceso de pérdida gradual de la capacidad para percibir sonidos diferentes a los de las lenguas que se les exponga regularmente (conocido en las publicaciones en inglés como perceptual narrowing). Los investigadores descubrieron que la interacción directa (p. ej., leerle o hablarle a un niño) es más efectiva que la exposición a sonidos grabados (p.ej., los de la televisión) para evitar dicho proceso de pérdida en la percepción (Kuhl, Feng-Ming, & Huei-Mei, 2003). Otros estudios han descubierto que leer a los niños mayores en voz alta en la segunda lengua aumenta el vocabulario en esa lengua mucho más que ver televisión en ese idioma (Patterson, 2002). En resumen, si bien los materiales audiovisuales pueden servir como un recurso positivo y entretenido de apoyo para el aprendizaje del lenguaje, la interacción humana es el mejor método para cultivar el desarrollo tanto en la primera como en la segunda lengua.

El bilingüismo y la inteligencia

Ninguno de los padres que participaron en nuestra encuesta temía algún impacto negativo sobre la inteligencia de sus hijos por el bilingüismo. De hecho, muchos creían que el bilingüismo beneficiaría en términos cognoscitivos a sus hijos. Sin embargo, tanto los padres como la prensa popular exageran sobre las conocidas ventajas cognoscitivas del bilingüismo, y señalan, por ejemplo, que el bilingüismo convertirá a sus hijos en niños más inteligentes en general, cuando en realidad las investigaciones sólo indican ventajas en áreas específicas.

Por ejemplo, aunque nuestro conocimiento está lejos de ser total, los investigadores principales en esta materia (p. ej., Bialystok, 2001) han sido cuidadosos en identificar los beneficios del bilingüismo en áreas específicas tales como la consciencia metalingüística (consciencia del lenguaje como un sistema) y el procesamiento cognoscitivo. Señalan que otros factores, tales como el nivel de dominio de cada lengua y las destrezas de lectura del niño, también afectan los beneficios derivados de ser bilingüe. Por lo tanto, aunque el bilingüismo puede contribuir a fortalecer algunas destrezas cognoscitivas específicas de algunos niños, no se debe tomar el mismo como un indicador general de mayor inteligencia o como factor de predicción de desempeño académico de alta calidad.

Resumen

Al responder a las preguntas y las preocupaciones de los padres sobre la crianza de los niños bilingües, los profesionales deben alentar a los padres a utilizar las dos lenguas en el hogar. Sabemos que el uso de la lengua nativa de los padres es importante para facilitar un ambiente lingüístico enriquecedor para los niños (Snow, 1990), así como para promover el bilingüismo, el cual se puede convertir en un recurso importante para el niño, la familia, y la comunidad en general. Los padres deben dirigirse a fuentes prácticas tales como The Bilingual Family Newsletter (www.bilingualfamilynewsletter.com) y el opúsculo Why, How, and When Should My Child Learn a Second Language? (www.cal.org/resources/brochures/whyhowwhen_brochure.pdf).

Quizás lo más importante es que a los padres se les debe alentar a ser conscientes de la cantidad y la calidad de la exposición de sus hijos a ambas lenguas y a pensar en crear un “espacio seguro” para que la lengua minoritaria florezca dentro del hogar.

Referencias

Bialystok, E. (2001). Bilingualism in development: Language, literacy, and cognition. Cambridge: Cambridge University Press.

De Houwer, A. (1998). Environmental factors in early bilingual development: The role of parental beliefs and attitudes. In G. Extra & L. Verhoeven (Eds.), Bilingualism and migration (pp. 75-96).  New York: Mouton de Gruyter.

De Houwer, A. (1999). Two or more languages in early childhood: Some general points and practical recommendations. Washington, DC: Center for Applied Linguistics. Retrieved March 4, 2005, from www.cal.org/resources/digest/earlychild.html

Döpke, S. (1992). One parent one language: An interactional approach. Amsterdam: John Benjamins.

Eisenberg, A., Murkoff, H., & Hathaway, S. E. (1989). What to expect the first year. New York: Workman.

Fabian, K. (2003, March). Is your child late to speak? Parenting, 93.

Fenson, L., Dale, P. S., Reznick, J.S, Bates, E., Thal, D. J., & Pethick, S. J. (1994). Variability in early communicative development. Monographs of the Society for Research in Child Development, 59(5, Serial No. 242).

Foreman, J. (2002, October 7). Health sense; The evidence speaks well of bilingualism’s effect on kids. Los Angeles Times, p. S1.

Honig, A. S. (n.d.). Raising a bilingual child. Retrieved January 21, 2005, from Scholastic, Your Early Learner Expert Advice Web site: www.scholastic.com/earlylearner/experts/language/0_2_bilingualch.htm

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Kuhl, P., Feng-Ming, T., & Huei-Mei, L. (2003). Foreign-language experience in infancy: Effects of short-term exposure and social interaction on phonetic learning. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 100(15), 9096-9101.

Langley, M. (1999, October 6). Bringing up (bilingual) baby – Marketers rush to meet demand for toys, tapes and classes; achieving ‘total immersion.’ Wall Street Journal (Eastern ed.), p. B1.

Lanza, E.  (1992). Can bilingual two-year-olds code-switch? Journal of Child Language, 19, 633-658.

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Murkoff, H.  (2003, June/July). ”What to expect”: Answers to your questions about baby’s first year. Baby Talk, p. 20.

Patterson, J. L. (2002). Relationship of expressive vocabulary to frequency of reading and television experience among bilingual toddlers. Applied Psycholinguistics, 23, 493-508.

Petitto, L. A., & Holowka, S. (2002). Evaluating attributions of delay and confusion in young bilinguals: Special insights from infants acquiring a signed and a spoken language. Sign Language Studies, 3(1), 4-33.

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Snow, C. (1990). Rationales for native language instruction: Evidence from research. In A. M. Padilla, H. H. Fairchild, & C. M. Valadez (Eds.),  Bilingual education issues and strategies (pp. 47-59). Newbury Park, CA: Sage Press.

Wong Fillmore, L. (2000). Loss of family languages: Should educators be concerned? Theory into Practice, 39(4), 203-210.

Yamamoto, M. (1995). Bilingualism in international families. Journal of Multilingual and Multicultural Development, 16, 63-85.

February 2009